Marginados por laicos – por Milagrosa Carrero Sánchez
Mi boda fue una de aquellas primeras ceremonias laicas en las que el Juez ni tenía que aparcar para casarte, te leía unos artículos, te hacia firmar y se largaba. No había beso, ni música, ni anillos, y lo peor eran los locales. Todo se resolvía rápidamente en una salita con seis u ocho pequeños bancos. Para más inri, como una especie de castigo, no había padrinos, en su lugar los testigos, y los pocos invitados que cabían en el recinto, apenas contemplaban desilusionados la ceremonia, si hubiera podido llamarse ceremonia a la lectura de un par de artículos del Código Civil. Todo aquello parecía diseñado para disuadir a los contrayentes. Nada parecido a un altar mayor sembrado de flores, […]