Jacobinos negros de C. L. R. James – por Francesc Sánchez

Incendio de una plantación en el Plaine du Cap en 1791, Masacre de los blancos a manos de los esclavos negros sublevados. Ilustración militar francesa de 1833. Martinet et Masson - Wikimedia Commons

Dijeron basta y los mataron a todos. Este fue el final de la revolución haitiana que rompió las cadenas de la esclavitud. El final del sometimiento del hombre negro a la dominación del hombre blanco. Y el final de un dominio colonial que desde hacía mucho mantenía Francia sobre Saint-Domingue. En un momento en que en París se proclamaba la Declaración de los Derechos del Hombre, se guillotinaba a los nobles, y Napoleón expandía la revolución conquistando toda Europa. El libro de Jacobinos negros de C. L. R. James nos habla de todo esto con agilidad y gran detalle en un momento no menos difícil, 1938, en plena Guerra Civil española, durante el despliegue del fascismo en Europa, y a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Una lectura, en fin, no apta para cuerpos delicados y quien piense en cuentos de buenos y malos, y en una historia donde todo ha sido inofensivo.

Partamos desde el principio. La colonia francesa de Saint-Domingue ocupaba el territorio que hoy conocemos como Haití en la Isla de la Española, la misma a la que llegó en 1492 Cristóbal Colón en su primer viaje. Fue unos años antes de que las enfermedades y la explotación traídas por los españoles exterminaran a la mayoría de los indígenas. Por esa razón, sumadas a unas inquietudes sobre los indios por parte de los misioneros, los colonizadores empezaron a traer negros desde las profundidades africanas para trabajar como esclavos en lo que fuera necesario. La Isla de la Española con la explotación de la caña de azúcar en grandes plantaciones no fue la excepción, pues este sistema se extendió rápidamente por todo el Caribe. No mucho más de un siglo después llegaron los franceses y se establecieron en la parte occidental de la isla, y en 1697, después de la Guerra de los Nueve Años, los españoles firman el Tratado de Ryswick dando carta de naturaleza a la colonia francesa que adopta el nombre de Saint-Domingue. Crecen las plantaciones y se explota además de la caña de azúcar, el café, el añil y el algodón. Para entonces la colonia es de las más rentables del Imperio francés, que en el Caribe cuenta además con las islas de la Martinica y Guadalupe, y un poco más abajo, en territorio continental, Guayana.

Probablemente todo el mundo debería de saber que en 1789 en París estalla la revolución y se toma la Bastilla. Pero no tantos sabrán que dos años después, en 1791, en la colonia de Saint-Domingue se inicia también una revolución por razones igual de punzantes. Mientras el Tercer Estado declaraba que no había sido nunca nada y quería ser algo, y en las calles de París el pueblo se rebelaba, en Saint-Domingue los negros, liderados, entre otros, por Dutty Boukman en la reunión clandestina de Bois Caïman, rompieron sus cadenas y empezaron a matar a sus propietarios blancos. Es un lugar común defender la Revolución francesa en su etapa liberal, por lo moderada y aseada que resulta, y censurar como abominable el Terror de la etapa de los jacobinos. Pero conviene señalar que, dentro del derecho a la propiedad de la Declaración de los Derechos del Hombre, estos hombres de Estado burgueses, que se beneficiaban del comercio de ultramar, mantuvieron la propiedad del negro, en este caso en la colonia de Saint-Domingue. Fue precisamente en la etapa de la Convención Nacional, es decir la de los más partidarios de la guillotina contra los nobles y los traidores (cualquiera), entre los que se encontraban los jacobinos, cuando los franceses el 4 de febrero de 1794 abolieron la esclavitud. Y esto afectaba a los negros de Saint-Domingue y, algo importante, los legitimaba.

De la noche a la mañana estos revolucionarios negros, liderados ahora por Toussaint Louverture, forman un ejército y se terminan de imponer tanto a los propietarios blancos, como también mulatos, que apoyaban indistintamente a los realistas y a los republicanos en Saint-Domingue. Sin embargo, Toussaint que siempre quiso mantener la relación de Saint-Domingue con Francia y sus lazos personales con quien mantuviera el orden en París, no fue capaz de sobrevivir a las relaciones de poder tanto en Europa como en la región caribeña, hoy diríamos geopolíticas. Este es el momento en que entra Napoleón en escena, el que establece de nuevo la esclavitud en las colonias, haciendo temer a Toussaint que esta vuelva a Saint-Domingue, una colonia codiciada en esos momentos además por el Imperio británico, enfrentado con Napoleón en Europa. Toussaint en este contexto naufragó. Nunca sabremos lo que pesó más para Napoleón, si la oposición a la esclavitud o la insubordinación que hacía una plausible independencia, aderezada con el factor británico. El hecho es que en 1802 este decide enviar un gran ejército a la colonia para retomar el control, y de paso capturar a Toussiant y acto seguido deportarlo a Francia, donde es encarcelado y muere por las enfermedades poco tiempo después. Fue Jean-Jacques Dessalines el que tomó el relevo y esta vez enfrentándose al ejército enviado por Napoleón rompiendo definitivamente cualquier lazo, y por lo tanto subordinación, con la República Francesa. Poco después mataron a todos los blancos franceses que quedaban en la que hasta entonces había sido la colonia de Saint-Domingue, que desde el 1 de enero de 1804 será conocida como Haití.  

Existe una película llamada Queimada de Gillo Pontecorvo, protagonizada por Marlon Brando y Evaristo Márquez,que es interesante verla para entender las relaciones de poder que llevan a los británicos a fomentar una revolución de los esclavos negros en una isla imaginaria en contra del poder colonial, en este caso Portugal, para luego el Imperio británico quitárselos de encima. La República de Haití fue la primera república de negros del mundo moderno, la segunda en el continente después de los Estados Unidos, con muy buenos ideales, pero a fin de cuentas cosa de blancos. Todo lo que vino después es también muy cuestionable. Pero la historia es así, y en la historia colonial todo parece más claro, una sucesión de dominación de quién puede someter, y una reacción de quién no quiere ser sometido. Hasta nuestros días, y ahí, no solo en los grandes discursos y en las cosas buenas y agradables de ver radica el avance y el retroceso de la humanidad, por muy incómodo que esto pueda parecernos.

Muerte del general Toussaint Louverture en la prisión del Fort de Joux, el 27 de abril de 1803. Dibujo de François Grenier de Saint-Martin, litografía de Jean-François Villain, 1821 – Wikimedia Commons

Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 9 Septiembre 2026.