Cuando al Cerro Rico de Potosí le arrancaban la plata y se tragaba a los hombres – por Francesc Sánchez

Cerro Rico de Potosí, 1715_Grabado B. Lens - Wikimedia Commons

El dicho de Esa mina vale un Potosí hacía referencia al mítico, pero al mismo tiempo real, cerro de Potosí en la actual Bolivia, que fue excavado intensivamente para extraer plata durante trescientos años, tanto por los españoles como por sus descendientes, produciendo una gran riqueza. Equivale, por lo tanto, a decir aún en nuestros días que algo tiene un inconmensurable valor. La ciudad de Potosí creció en función de la explotación de esta montaña, hasta que entró en decadencia al agotarse las vetas más importantes del metal. Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, en su Historia de la Villa Imperial de Potosí, nos dejó su investigación, testimonio, y legado. Potosí fue el mejor ejemplo de entre todas las minas que se explotaron en las Indias, y una metáfora quizá de toda aquella aventura de dominación de los españoles sobre los indios y sus tierras.

Pero empecemos por el principio. La primera motivación de los españoles, la más visceral, para iniciar la aventura en las Indias fue el enriquecimiento. Y el oro como el rey de los metales corría en sus mentes como la mecha de pólvora encendida. La conquista de las ciudades del Imperio azteca por Hernán Cortés, y luego del Imperio inca por Francisco Pizarro, donde los conquistadores encontraron grandes cantidades de oro, inflamaron más este afán y se crearon mitos como el de las Siete Ciudades de Cíbola o de El Dorado elaborados por la rumorología de propios y extraños. Los conquistadores dejaban atrás una tierra que no habían sido generosa con ellos, y esperaban encontrar más allá del océano un mejor porvenir. Incluso viéndolo desde este ángulo, el afán evangelizador de los misioneros podría hacer equivaler cada alma salvada por cada onza de oro conseguida. Sin embargo, cómo sabemos, la conquista no fue solo eso, no fue solo explotación, fue también una ideología que se convirtió en un trabajo civilizatorio. Estos hombres decidieron transmitirles su civilización. Hacían falta los indios y luego los negros. En ausencia de una población blanca disponible su trabajo era muy importante. De ahí que la dominación de los conquistadores sobre el indio y el negro fue también un trabajo educativo para que incorporaran como propia su cultura, todo para el mejor funcionamiento de los engranajes de la máquina del sistema.

Finalmente encontraron oro, y lo explotaron, pero fue la plata la que lo cambió todo. La mina más importante era la que se encontraba en el interior de una montaña que llamaban el Cerro Rico de Potosí. De este yacimiento entre 1545 y 1825 se extrajeron entre 23.000 y 30.000 toneladas de plata. Dice la leyenda que de noche la plata que contenía brillaba en la oscuridad y por eso la encontraron. De día se pueden contemplar aún sus intensos tonos rojizos. La ciudad Potosí, ubicada a 4.000 metros de altura en el Altiplano boliviano de la cordillera de los Andes, se transformó en unos años con sus 120.000 habitantes —en el mejor momento 160.000 según Eduardo Galeano– en la más grande aglomeración humana del Imperio. En Potosí había treinta y seis iglesias, disponía de salones, teatros, y tablados. En Potosí se podían encontrar los productos de cualquier parte del mundo conocido. Toda la región trabajaba en red en función de esta ciudad. La plata de Potosí era transportada hacia España a través del puerto del Callao y, descendiendo por el Río de la Plata, del puerto que fue el origen de Buenos Aires.

Para conocer cómo fue la explotación de la mina y el crecimiento de la ciudad de Potosí disponemos de un testimonio excepcional en la persona de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, y la mejor crónica en su Historia de la Villa Imperial de Potosí, que nos relata el origen, el desarrollo y esplendor de la ciudad desde el descubrimiento del Cerro Rico en 1545 hasta su decadencia en el siglo XVIII, que coincide con el agotamiento de sus vetas de mineral más importantes. Y así es cómo debemos de verlo, una ciudad emanada y encadenada a una mina, con un inicio prometedor, un gran pico de producción y un agotamiento. De hecho, esto lo podemos trasladar también a un Imperio español que se hizo muy dependiente de la explotación y comercio de la plata, que conoció una gran eclosión y expansión, y terminó finalmente por desplomarse. Luego volveremos sobre esta cuestión, pero antes detengámonos en lo que nos relata Bartolomé Arzáns. En su obra encontramos todo lo que tiene que ver con la explotación de la mina en el Cerro Rico, incluido el trabajo de los indios a través de la mita. Este sistema que tenía su origen en el que aplicaban los incas se aplicaba sobre las poblaciones indígenas, obligaba a sus miembros a trabajar en las minas rotativamente, garantizando de esta forma un abastecimiento continuado de trabajadores. Los mineros trabajaban largas horas en galerías oscuras, estrechas y con poca ventilación. Cuando el mineral se había extraído debían cargarlo por escaleras y túneles. El resultado muchas veces eran los derrumbamientos y por lo tanto los accidentes, los que, sumados a las enfermedades, provocaban numerosas muertes. El uso del mercurio, que buena parte se extraía de la mina de Huancavelica, incrementó la productividad, haciendo posible la separación del mineral de la plata de baja ley del resto de la roca a través del proceso de amalgamación, sin embargo, este mineral altamente tóxico hizo aumentar las enfermedades respiratorias. ¡El horror, el horror!

Grabado de Theodor de Bry (1590), sobre la base de relatos de José de Acosta, que representa el trabajo minero de indígenas en el cerro de Potosí – Wikimedia Commons

Los indios para Arzáns tienen un notable espacio en su obra, en la que desmiente que sean unos brutos incapaces de aprender a leer y escribir, simplemente no se han consagrado a tales materias. Pueden dedicarse a cualquier oficio como los demás. En su obra encontramos la sociedad potosina con sus diferentes estratos sociales, compuestos de españoles y criollos, indígenas, esclavos africanos. Habla de los comerciantes y otros trabajadores. También nos habla de la vida urbana con sus fiestas, religiosidad, y conflictos sociales. Finalmente expresa la decadencia moral con la corrupción y los castigos divinos. Este recurso, siendo certero, lo encontramos en muchos cronistas a lo largo de la historia sobre muchos imperios que han brillado, pero que finalmente se han apagado. Haciendo un breve recorrido de la historia de Potosí según Arzans podemos decir que sus mejores momentos llegaron en 1572 en adelante, cuando el virrey Francisco de Toledo adoptó el beneficio del mercurio y estimuló una fábrica de lagunas que proveyeron de energía hidráulica, hasta 1650, unos 75 años. Luego llegaron Las tres destrucciones de la Villa Imperial de Potosí. Las guerras que el delirio de la plata suscitó entre vicuñas (llamados así por el tipo de sombrero que usaban) y vascongados, hacía 1622 y 1625; la ruptura de la laguna de Caricari que causó una inundación devastadora en 1626; y la rebaja de la moneda que tanto afectó a la ciudad hacía 1650. Desde el momento en que Arzáns aparece en este mundo, en 1676, las cifras de producción se precipitaban hacia abajo, y durante 30 años que empleó en escribir la Historia, desde 1705 hasta su muerte en 1736, la riqueza de Potosí no cesó de disminuir. Es de interés también que tuvo en relatar una epidemia en 1719, en la cual Arzáns había ayudado a cuidar a los enfermos y a enterrar algunos de los 20.000 muertos.

Arzáns nunca publicó su relato. Cuando murió en 1736 a la edad de 60 años, la obra de toda su vida, a la que le había consagrado miles de horas y una enorme energía, muy pocas personas la leyeron. Su hijo Diego pretendió continuarla, pero finalmente vendió el manuscrito. Diego murió en 1755 y un funcionario hizo averiguaciones encontrando el manuscrito en poder de un sacerdote que había decidido conservarlo. Finalmente, el texto fue enviado a Madrid un año después y terminó en la biblioteca de Fernando VI. El texto permaneció en el olvido hasta que Lewis Hanke y Gunnar Mendoza prepararon en 1965 la primera edición completa de la Historia de la Villa Imperial de Potosí, publicada por Brown University Press en tres volúmenes. 

Las minas de Taxco, Potosí, Zacatecas, Guanajuato, y muchas otras, proporcionaron a la Monarquía Hispánica unas 150.000 toneladas de plata entre 1500 y 1800, multiplicando los intercambios a ambas orillas del Atlántico en lo que se conoció como la Carrera de Indias. Sin embargo, la economía española no estaba preparada para producir todo lo que las Indias requería, de ahí que buena parte de la plata que llegaba a la Casa de Contratación de Sevilla terminara a través de los comerciantes y especuladores en el resto de Europa. Hubo además algo más nefasto. La llegada a la Península de estas grandes cantidades de plata, transformada en monedas, es decir en dinero, hizo bajar su valor, y por lo tanto los precios de todos los productos se incrementaron. La Revolución de los Precios entre 1500 y 1650 formulada por el historiador económico Earl J. Hamilton, afectó a toda Europa, pero en España, precisamente por el menor desarrollo de su economía golpeó con una fuerza inusitada.

No había vuelta atrás. En las Indias, mucho antes de que se definiera como tal se había puesto en marcha un incipiente capitalismo y un comercio global que sentaría las bases de la posterior Revolución Industrial. Ahora sabemos mejor qué queremos decir con Esa mina vale un Potosí, tanto en riqueza como en coste humano, ya sea en el Altiplano boliviano o en una fábrica de Manchester, porque la montaña de Potosí, efectivamente, proporcionaba plata, pero se tragaba a los hombres.

Potosí en nuestros días – Wikimedia Commons

Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 3 Octubre 2026.