Reflexión personal de la cobertura de un conflicto bélico – por Miguel Rodellar

Constanza Pérez, periodista para Mediaset en Ucrania, Chasiv Yar, verano de 2024 - Miguel Rodellar

Siempre existe una primera vez para cada experiencia significativa en la vida. Rememoro con claridad la primera vez que crucé las fronteras de un país sumido en la guerra; fue en Ucrania. Cada cosa que sucedía a mi alrededor se presentaba como un universo nuevo y sorprendente: el sonido penetrante de las alarmas resonando en el aire, las personas que huían sin mirar atrás, las emotivas despedidas que se llevaban a cabo en las estaciones y las puertas de los vehículos de aquellos que se disponían a abandonar su patria.

Desde entonces, me he cuestionado recurrentemente qué motiva a los periodistas a adentrarse en escenarios tan complejos y desafiantes. En lo personal, creo que mi impulso provenía de un anhelo de aventura: la búsqueda de nuevas vivencias que influyeran en mi existencia, tal vez como una manera de escapar de la rutina y, tal vez, de mí mismo. Cada periodista posee razones singulares para enfrentarse a situaciones adversas, sin embargo, muchos de nosotros nos encontramos ocultos tras la apariencia de cordero, abrigados por el ideal romantizado de esta profesión tan noble, pretendiendo cambiar el mundo al exponer las penurias que afrontan los seres humanos.

En realidad, es un autoengaño más cómodo el afirmar que actuamos en beneficio de los demás, que reconocer que, en última instancia, nuestra motivación podría ser la transformación de nuestra propia realidad. Mis imágenes, aunque capturan momentos de intensa emoción y dolor humano, no han alterado el curso del mundo; en cambio, lo que verdaderamente ha cambiado es mi propia percepción de la vida. A menudo, me pregunto si realmente vale la pena pagar el precio que inevitablemente conlleva la búsqueda de alguna forma de repercusión. Todos hemos sido conscientes de que dicho precio existe, pero su verdadera magnitud se revela solo tras el retorno, momento en el cual el diablo viene a cobrar la factura acumulada.

Así, la reflexión me lleva a enfrentar la dolorosa realidad de que cada paso que damos hacia la exposición y el conocimiento también implica un costo personal que debemos estar dispuestos a asumir

Miguel Rodellar Aguilera. Madrid.
Colaborador, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 30 Mayo 2025.