La serie ‘El Colapso’ y el tiempo que nos han tocado vivir – por Francec Sánchez

Acabo de ver la serie L’effondrement (El Colapso en España) creada por Jérémy Bernard, Guillaume Desjardins, y Bastien Ughetto, y en «el contexto que nos ha tocado vivir» me veo obligado a escribir este texto, entre la crítica cinematográfica y la crónica de actualidad. Nos encontramos ante una miniserie en la que en ocho capítulos autónomos de no mucho más de veinte minutos asistimos a la ruptura progresiva, en muy pocos días, de todo el sistema: un supermercado en el que empieza a haber desabastecimientos en donde algunos quieren acaparar provisiones, una gasolinera en la que el propietario raciona el combustible a cambio de alimentos, una huida en el último momento de un millonario que tiene una póliza de seguros para estas circunstancias, la llegada de unos urbanitas a una aldea autogestionada por un grupo que lleva años preparándose, un grupo de trabajadores que quiere evitar el desastre en una central nuclear, un joven que se ha quedado solo al cuidado de unos ancianos en una residencia, una búsqueda de una isla misteriosa por parte de una mujer que ha reservado «su salvación», y una vaga explicación que alerta del inminente desastre con «un mensaje conocido desde hace años» que no ofrece ninguna solución a un colapso inevitable pero si «medidas para sobrevivir».

Este material producido por Canal + fue emitido en Francia hacia finales del pasado año, justo en el mismo momento en que China anunció la propagación del virus SARS-CoV-2 y la que empezó a llamarse enfermedad del COVID-19 en la ciudad de Wuhan. Tres meses después el virus se había propagado por todo el mundo y el 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia, por la que a fecha de hoy la Universidad de Medicina Johns Hopkins ha contabilizado 844.176 muertes y 25.099.237 positivos, y que en los momentos más álgidos -hasta el momento- llevaron al límite a los sistemas sanitarios en multitud de países desarrollados. Se discute mucho del alcance de la propagación del coronavirus y la tasa de mortalidad, pero lo que es indiscutible es el impacto económico y social por las medidas que se tomaron y se siguen tomando para contenerlo: en multitud de países se declararon cuarentenas y se llegó a paralizar la producción, conteniendo durante unos meses la propagación del virus, pero también provocando efectos nocivos sobre la economía, que pronosticados, y sufridos por algunos sectores cómo el de los servicios, aún desconocemos realmente todo su alcance.

Políticamente nadie ha estado a la altura. Pero también es cierto que nunca los diferentes gobiernos de diferente signo político habían tomado estas medidas y que el no haberlas tomado podría haber sido catastrófico. El debate de los que al principio querían medidas duras mientras desde los gobiernos no se hacía nada por no dañar la economía, y luego éstos mismos terminaron criticando estas medidas por ser nocivas para la economía, mientras desde los diferentes gobiernos declaraban y prorrogaban las cuarentenas, no tiene solución. El caso es que no habido el colapso del sistema. No ha habido desabastecimiento en los supermercados, no ha faltado el combustible, no habido una huida de las ciudades, pero sí efectivamente hubo «un abandono hasta la muerte de muchos ancianos en residencias», y muchos trabajadores o desempleados, no han recibido las ayudas sociales prometidas. Este mes con la vuelta a la escuela de los niños y jóvenes, y al trabajo de la mayoría de los trabajadores, y aquellos que busquen uno de nuevo, será la prueba de fuego para ver si puede contenerse el virus y se reactiva la economía, o volvemos a una propagación masiva del virus, y una declaración de una nueva cuarentena con efectos también devastadores. Muchas de las medidas que se están tomando en estos días limitando la libertad tanto individual como colectiva de los ciudadanos son aceptadas por la mayoría por las circunstancias. Pero bajo ningún concepto deben ser permanentes.

L’effondrement nos golpea porque todos de una forma egoísta quieren sobrevivir machacando a los demás. Es un sálvese quién pueda. El Estado ha desaparecido y la sociedad civil si alguna vez existió, también. No hay apenas espacio ni para la organización ni para la solidaridad. Ésta, por lo que parece, se quedó en momentos muy puntuales de nuestra historia no tan idílicos y en los que pensaron que en el futuro se podría alcanzar la utopía. En nuestra realidad no hemos llegado a esto. ¿Pero podríamos? Las actitudes de muchos que se comportan de forma egoísta, en uno u otro sentido, o cómo masas enloquecidas son muy amenazadoras. La no actuación de los gobiernos es una negligencia que debe ser corregida. En otras latitudes donde por los efectos de la guerra o por la pobreza, sin que la pandemia o sus efectos económicos sean lo significativo, ya están viviendo desde hace mucho su particular infierno. El origen del colapso en la serie, como decía, es incierto, pero las bases son del todo conocidas: la imposibilidad de seguir creciendo económicamente hacia el infinito en un planeta de recursos finitos, las crisis financieras, y por lo tanto económicas, que aparecen en los países del Sur del continente, acompañado de los efectos nocivos del cambio climático, que en un momento dado hace fallar totalmente al sistema. Pero el problema, como nos dicen, es la imposibilidad de seguir creciendo, y al mismo tiempo dejar de hacerlo, haciendo inevitable el colapso.

¿Es esto factible? Totalmente. Sin embargo, el planteamiento de la teoría en la serie es que una crisis sistémica a causa de varios factores puede colapsar nuestras estructuras políticas, económicas, y sociales. Y en la serie esto sucede en unos pocos días. De un plumazo. Sin que los gobiernos la hayan previsto y lo que es peor sin que estos hagan nada para evitarla. Si retrocedemos en la historia comprobaremos que ha habido momentos en los que han colapsado diferentes sistemas, pero no de repente si no formando parte de un proceso prologando en el tiempo. En Europa tenemos el caso del Imperio romano, el feudalismo en la Edad Media, o el Antiguo Régimen en la Edad Moderna. Pero cómo sabemos todos estos sistemas fueron remplazados por otros. No fueron el final de la civilización si no de su transformación. Quizá el caso más llamativo fue el que se dio en América con el abandono de las grandes ciudades mayas, pero también es el más desconocido. Tampoco hay que irnos tan hacía atrás en el tiempo, en el continente europeo la Segunda Guerra Mundial, y en España la Guerra Civil, fueron una caída en los infiernos, pero fuimos capaces de recuperarnos. Las crisis económicas como la financiera de 1929 que provocó la Gran Depresión, la del petróleo de 1973 y 1974, y la última crisis financiera de 1978, nos golpearon, pero salimos adelante. Las catástrofes naturales en ocasiones también han hecho fallar todo y el comportamiento de los gobiernos y la gente no ha sido ejemplar. Ese el problema. Prefiero pensar que, no por ser más inteligentes ni más buenas personas, si no por nuestro conocimiento de este pasado, y por nuestra organización social, tenemos aún más posibilidades.

Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 31 Agosto 2020.