Los recursos energéticos y minerales de África en un mundo multipolar – por Francesc Sánchez

El río Donga en Nigeria - Wikimedia Commons

He traído unas graficas que ofrecen unas cifras muy elocuentes de los flujos comerciales africanos con el resto del mundo, pero antes me gustaría hacer una pequeña introducción de la historia de la nueva África que hemos conocido en el siglo XX, y de algunos hechos significativos que la marcaron, para pasar a establecer, ya en el siglo XXI, con la aparición de nuevos actores políticos, un cambio de paradigma.

Dos décadas después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial la mayoría de los países africanos que hasta entonces habían sido colonias de sus respectivas metrópolis europeas se independizan. Fue el momento en que la mayoría de estos nuevos Estados africanos no quisieron alinearse con ninguna de las dos superpotencias que estaban dividiéndose el mundo en dos esferas de control directo e influencia en permanente fricción en lo que conocemos como la Guerra Fría. De ahí que se unieran muchos de ellos al Movimiento de los Países No Alineados, que tuvo inició en la Conferencia de Bandung de 1955. En África nacía un mundo nuevo en el que algunos líderes empezaron a hablar de la unión de todos los africanos por compartir una historia común. Esto se tradujo en el movimiento del panafricanismo. Sin embargo, muchos de estos Estados se alinearon finalmente con los Estados Unidos y la Unión Soviética y entraron en fricción entre ellos o internamente sufriendo guerras civiles. Paralelamente las antiguas metrópolis siguieron controlando económicamente las que fueron sus colonias a través de lo que se vino a llamar neocolonialismo. El colapso de la Unión Soviética pudiera parecer que favorecería las cosas en África, pero realmente supuso la desaparición no sólo de uno de los referentes más importantes para algunos de estos Estados si no también de apoyo en todos los sentidos. La imagen de África si hasta entonces era la de una tierra hostil en conflicto empezó a ser también la de unos pueblos hambrientos a los que ayudar a través de los donativos y voluntarios de las organizaciones no gubernamentales.

El siglo XXI se inició el 11 de septiembre de 2001 con el desplome de las Torres Gemelas de Nueva York, y no sólo simbólicamente, si no también realmente por las consecuencias que iba a provocar. Un enemigo que hasta entonces se movía en los márgenes de la civilización golpeó brutalmente el corazón del Imperio y las consecuencias, que han afectado también al continente africano, llegan hasta nuestros días. Los Estados Unidos iniciaron una guerra global contra el terrorismo internacional que los llevo a combatir islamistas en Afganistán, y a destruir el Estado de Iraq hasta nuestros días. Menos de una década después la revuelta árabe que fue conocida como Primavera Árabe se nos decía que iba a traer la democracia y a resolver todos los males de multitud de países, pero como sabemos aquello no funcionó, produciéndose un endurecimiento interior en algunos Estados y, en otros, guerras civiles que llevaron a una nueva destrucción. La guerra que más nos importa en estos momentos, porque hoy estamos convocados aquí para hablar de África, fue la de la Libia: el régimen de Gadafi reprimió con dureza a sus opositores y estos decidieron tomar las armas en su contra, obteniendo el soporte fundamental de una coalición militar europea y norteamericana. El resultado fue la destrucción del Estado de Libia, primero la partición del país, y luego la dispersión de armamento que terminaría en manos de multitud de grupos yihadistas, y finalmente la dispersión también de multitud de hombres que terminaron formando parte de estos grupos. Entender esto es fundamental para entender por qué ha habido un antes y un después en el Sáhara y en el Sahel: ese fue el detonante definitivo de la puesta en escena del islamismo radical en tierras africanas.  

Paralelamente un nuevo actor iba entrar a jugar en la escena mundial: China desde las reformas económicas de Deng Xiaoping con su política de Un País Dos Sistemas entró el sistema capitalista mundial ofreciendo, primero, su país como la gran fabrica mundial, y después comprando e invirtiendo en medio mundo, a través de la Nueva Ruta de la Seda. Poco a poco China se introdujo en África y hoy es el principal actor económico en la región, nadie importa tanto como China de África y nadie exporta tanto a África como China. Sin embargo, este movimiento tectónico económico, a diferencia de lo que hicieron en el pasado los europeos iba a ser pacifico, sin intervención militar. Las importaciones chinas de África son sobre todo de energía y materias primas, y las exportaciones de bienes de consumo y maquinaria: una perfecta simbiosis. El problema es que esta relación comercial de los africanos con los chinos se produce con la debilidad de los gobiernos africanos y la falta de inversión en sus economías, esto se traduce en medidas insuficientes para desarrollar sus sociedades, y ha creado una nueva relación de dependencia. Hoy, como sabemos, la economía está globalizada, China obtiene lo que necesita de África para fabricar lo que en Occidente y otras partes del mundo requieren, y por lo tanto aquí finalmente compramos. De ahí que un enfrentamiento entre China y Occidente sea impensable, pero es probable que si la relación económica entre China y Occidente cambia se llegue a algún tipo de enfrentamiento, y África podría ser uno de sus escenarios porque sus recursos tanto energéticos como en materias primas son fundamentales, en donde Rusia no me cabe la menor duda que si mantiene su relación con China, puede ser un autentico dolor de cabeza, en primer lugar, para los africanos.

Entonces sucedió algo inaudito. Cuando ya nadie daba nada por el viejo adversario, es decir la Unión Soviética heredada por Rusia, ésta a través de Vladimir Putin, resurgió y marcó sus líneas rojas, tanto en Oriente Medio, Europa, y también en África. Rusia con la destrucción del Estado de Libia se sintió engañada, y en Siria no lo permitió: intervino militarmente y rescató al régimen del Partido Baaz, al tiempo que combatió a los islamitas, que se habían recogido y reagrupado en el Estado Islámico. En África fue de bien poco que no se creara una, o varias, entidades territoriales y de poder similares, tanto en los márgenes de Libia, como en Malí, país último donde la intervención francesa fue decisiva para desbaratar sus planes. La intervención rusa en África fue indirecta a través de los mercenarios de la empresa Wagner al servicio de sus intereses y de los del Kremlin. Los wagnerianos estuvieron en Libia, en Sudán, en República Centroafricana, en Chad, en Malí, en Mozambique, y probablemente en Burkina Faso, y Níger. Los wagnerianos llegaron a estos países y les preguntaron a sus líderes cuáles eran sus enemigos políticos, y estos se los señalaron: desde entonces establecieron una relación de protección a cambio de tratos comerciales en minería y energía. Los wagnerianos llegaron a combatir a los islamistas, pero a la práctica se han convertido en una guarda pretoriana al servicio de los lideres africanos. Los wagnerianos al tiempo que han hecho sus labores de seguridad han influenciado ideológicamente a los Estados africanos a través de una retórica y propaganda antimperialista que ha llegado a expulsar a antiguas metrópolis europeas como Francia. Sin embargo, Rusia no ha querido o no ha sido capaz suplantar a Francia y otras potencias en los flujos comerciales en estos países. Rusia hoy está en guerra contra Occidente a través de una guerra interpuesta en Ucrania, pero también mantiene una férrea alianza con Irán en Oriente Medio, enfrentado a Israel, y finalmente, golpeando a los occidentales en África puede hacer mucho daño.

Llegados aquí hay que acudir a los hechos, y en estos momentos, yo acudo a los datos económicos ofrecidos por World Integrated Trade Solution (https://wits.worldbank.org/) que arrojan los flujos comerciales de los Estados africanos recogidos por los organismos internacionales como la Base de Datos Estadísticos sobre el Comercio de Mercaderías de la UNSD (Comtrade de la ONU), el Sistema de Análisis e Información Comercial (TRAINS) de la UNCTAD, la Base Integrada de Datos (BID) de la OMC, y la Base de Datos sobre los Arreglos Comerciales Preferenciales que mantienen el Banco Mundial y el Centro de Negocios Internacionales de la Escuela de Negocios Tuck.

África Subsahariana en el año 2021 exporta 133 mil millones de dólares en Materias primas, 110 mil millones en Bienes intermedios, que son aquellos necesarios para la obtención de otro bien, y 89 mil millones son Combustibles.

África Subsahariana en el año 2021 importa 122 mil millones en Bienes de consumo, 73 mil millones en Bienes intermedios, y 72 mil millones en Bienes de capital.

Si prestamos atención a los países que más exporta África Subsahariana en el 2021 podemos comprobar que la primera posición la ocupa China con 53 mil millones, la segunda la ocupa la India con 19 mil millones, la tercera posición es para Estados Unidos con 17 mil millones, la cuarta Sudáfrica con 12 mil millones, y la quinta posición con 12 mil millones no se específica.

En cuanto a las importaciones de África Subsahariana volvemos a encontrarnos con China en la primera posición con 52 mil millones, Sudáfrica con 23 mil millones, la India con 22 mil millones, Estados Unidos con 15 mil millones, Alemania con 11 mil millones, y Emiratos Árabes Unidos con 11 mil millones.

Podríamos hablar de una nueva Guerra Fría en África, aunque de momento no habido enfrentamiento en terceros países por parte de Rusia y ningún país occidental, o por Estados interpuestos. Estados Unidos sigue manteniendo unos flujos comerciales importantes con África, otros países europeos también, y al igual que ha irrumpido China, también lo ha hecho la India y Emiratos Árabes Unidos. Por todo lo dicho lo que si podemos es decir que el panorama en los últimos años ha cambiado completamente.

Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 19 Mayo 2024.