La invasión del Ejército soviético de Afganistán – por Francesc Sánchez

Muyahidines en la provincia de Kunar - Wikimedia Commons

La Guerra de Afganistán de 1978-1992 enfrentó al marxismo con una ideología no planteada aún en el contexto de la Guerra Fría: el islam político. Podemos verlo también al revés: la introducción del marxismo en este territorio de Asia Central, que fue durante mucho tiempo tierra hostil para los británicos instalados en la India, y que colisionó con el sistema de organización afgano fraguado en la tradición y la religión de las tribus. En 1978 la revolución de Saur declara Afganistán como un estado socialista pero pronto empiezan las disensiones internas. En el mes de diciembre de 1979 la Unión Soviética a petición del gobierno de la República Democrática de Afganistán envía decenas de miles de soldados para luchar en una guerra que durará más de diez años.

El 2 de enero de 1980, el Ejército soviético lanza una ofensiva general contra la guerrilla musulmana. Las agencias recogidas por El País informan de lo que sigue:

Una división de élite del Ejército de la URSS desencadenó ayer una ofensiva general contra la resistencia musulmana en la región de Paktia, situada a unos 150 kilómetros al sur de Kabul, y otras informaciones señalan combates en Jalalabad, al este del país, y en Herat, el oeste. El primer objetivo de la ofensiva soviética consistiría en cerrar las fronteras afganas con Pakistán e Irán para evitar que por ellas transite la ayuda material a la guerrilla.

En previsión de un posible cierre de la frontera, varias decenas de miles de afganos se han refugiado en Pakistán a principios de semana. Se calcula que entre los antiguos y los nuevos exiliados el número de afganos en Pakistán asciende ya a cerca de medio millón de personas, es decir, a un 2,5% del total de la población afgana. Una nueva estimación de la OTAN calcula que las fuerzas soviéticas en Afganistán oscilan entre 35.000 y 40.000 hombres.

Las tropas soviéticas en Afganistán son dueñas de la situación en la capital, Kabul, y otros centros urbanos, pero se enfrentan con una cierta resistencia por parte de los guerrilleros musulmanes, que acosan al Ejército de la URSS para proteger al grueso de los insurrectos, que parece reagruparse en zonas inaccesibles para hacer frente a la nueva situación [1].

Tres días después de la publicación de este parte de guerra El País publica un editorial titulado Jaque en Kabul en donde se afirma que «la repuesta dada por la Administración Carter a la abierta intervención soviética en Afganistán está alcanzando, por el tono y el posible alcance de las medidas norteamericanas de castigo, la suficiente entidad como para que pueda hablarse con propiedad de un regreso a la guerra fría» [2]. De hecho, como sabremos después, la repuesta de Carter no fue sólo esta: mientras los soviéticos invadían el territorio afgano luchando con los guerrilleros musulmanes, en defensa del gobierno marxista de Kabul, estos otros recibían el apoyo de Estados Unidos, Pakistán, y de Arabia Saudita:

la CIA, los servicios secretos saudís y el ISI aprovecharon la oportunidad para apoyar el surgimiento radical suní, violento pero conservador, reaccionario y respetuoso inicialmente con la monarquía saudí y contrario al islamismo chií que impulsaban Teherán [3].

La guerra tiene un reflejo también en el escenario europeo, el comandante supremo de las fuerzas aliadas de la OTAN, el general norteamericano Bernard W. Rogers, afirma que «Europa debe estar preparada para defender su territorio» [4]. Para el presidente Carter «El mundo vive la situación más grave desde la segunda guerra mundial» [5].

La guerra de Afganistán, que muchos periodistas bautizaron como el Vietnam de la Unión Soviética, se salda negativamente para los soviéticos, abandonando éstos el territorio, pero sus consecuencias, con la ascensión de los talibanes y la concurrencia en el territorio de miembros de Al-Qaeda, llegaran hasta nuestros días. Los Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 atacan e invaden Afganistán en el mes de diciembre, invocando el Artículo V de la Alianza Atlántica, y a raíz de este hecho la OTAN colabora enviando militares liderando la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) en la que participan unidades de soldados españoles.

Anotaciones:

  1. (1980, 3 enero). El Ejército soviético lanza una ofensiva general contra la guerrilla musulmana en Afganistán. EL PAÍS. Recuperado de https://elpais.com/diario/1980/01/03/internacional/315702001_850215.html
  2. EL PAÍS. (1980, 5 enero). Jaque en Kabul. EL PAÍS. Recuperado de https://elpais.com/diario/1980/01/05/opinion/315874801_850215.html
  3. Segura, Antoni (2013) Estados Unidos, el Islam y el Nuevo Orden Mundial. De la crisis de los rehenes de 1979 a la Primavera Árabe. Alianza Editorial. Madrid. Pág 57.
  4. Gallego-Díaz, S. (1980, 10 enero). “Europa debe estar preparada para defender su territorio”, afirma el comandante de la OTAN. EL PAÍS. Recuperado de https://elpais.com/diario/1980/01/10/internacional/316306806_850215.html
  5. EL PAÍS. (1980, 10 enero). El mundo vive la situación más grave desde la segunda guerra mundial, según Carter. EL PAÍS. Recuperado de https://elpais.com/diario/1980/01/10/portada/316306804_850215.html

Nota: este artículo forma parte del capítulo Claves internacionales de mi tesis doctoral “El proceso de integración de España en la OTAN” defendida en el mes de noviembre del pasado año 2020.

Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 18 Abril 2021.