La Natividad en el Nuevo Testamento – por Francesc Sánchez

Adoración de los pastorcillos, Giorgione - Wikimedia Commons

Tanto en Europa como en el resto del mundo de substrato cultural cristiano el 24 y 25 de diciembre se celebra la Noche Buena y el día de Navidad, muchos ponen un árbol adornado con luces, se entretienen con un pesebre, y otros sin más compran regalos, en el que era hasta hace poco era un momento de encuentro de familiares y allegados en muchos hogares, pero no todos conocen el porqué y el origen de esta celebración. En este artículo vamos a ir a la fuente, para unos histórica y para otros no, pero sí en cualquier caso para todos, literaria y religiosa de esta tradición conocida como la Natividad, o el nacimiento de Jesús.

Si queremos saber debemos acudir sin miedo o prejuicios a la Biblia, concretamente al Nuevo Testamento, y una vez ahí a los evangelios de Mateo y Lucas.

Mateo inicia su evangelio con la genealogía de Jesús (Mateo 1, 1-17) y nos termina diciendo que

así que el total de las generaciones desde Abrahán hasta David es de catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, otras catorce; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, otras catorce.

Mateo está legitimando a José, el padre de Jesús, con un linaje que alcanza a David, Rey de Judá e Israel, y este a Abrahán, que fue el primer hombre según el Antiguo Testamento, una vez que Adán y Eva son expulsados del Paraíso, y del cual descendemos todos, según la Biblia.

En el capítulo José asume la paternidad legal de Jesús (Mateo 1, 18-25) nos encontramos con esto:

El origen de Jesucristo fue la de la siguiente manera. Su madre, María, estaba desposada con José; pero antes de empezar a estar juntos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer; porque lo engendrado de ella es el Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quién pondrás por nombre Jesús, porque el salvará a su pueblo de los pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta:

La virgen concebirá y dará luz a un hijo,
Y le pondrán por nombre Emmanuel,

Que traducido significa: «Dios con nosotros». Una vez que despertó del sueño, José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Pero no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, a quien puso por nombre Jesús.

Por lo tanto, el padre de Jesús es el Espíritu Santo, pero José, que primero repudia a María en privado por no ser el padre de su hijo, públicamente decide reconocerlo. No es menor esto porque el no reconocimiento del hijo de María habría terminado, según la ley judía, en la lapidación de ésta. En el momento en que José desciende del linaje del Rey David, le confiere a Jesús una legitimidad ante el pueblo de los hebreos. Ahora llega propiamente el momento de la Natividad a través de la Adoración de los Magos (Mateo 2, 1-12):

Jesús nació en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes. Unos magos que venían de Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Es que vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo.» El rey Herodes, al oírlo, se sobresaltó, y con él toda Jerusalén. Así que convocó a todos los sumos sacerdotes y escriba del pueblo, y les preguntó dónde había de nacer Cristo. Ellos le respondieron: «En Belén de Judea, porque así lo dejó escrito el profeta:

Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres, no, la menor
entre los principales clanes de Judá;
porque de ti saldrá un caudillo
que apacentará a mi pueblo Israel.»

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y, gracias a sus datos, pudo presar el tiempo de la aparición de la estrella. Después los envío a Belén con este encargo: «Id e indagar cuidadosamente sobre ese niño; y cuando lo encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adoradlo.» Ellos después de oír al rey, se pusieron en camino. La estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre. Entonces se postraron y lo adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Pero, avisados en sueños que volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino.

Los magos de Oriente (probablemente procedentes de Persia, Babilonia o Arabia) siguiendo una estrella (probablemente la conjunción de Júpiter y Saturno) acuden a Belén en busca del que tiene que ser el rey de los judíos para adorarlo y Herodes el Grande (rey de Judea, Idumea, Samaria, Galilea, Perea y otras regiones entre el 37 y el 4 a.C.) quiere ir también a adorarlo, pero como veremos con malas intenciones. En un momento dado la estrella se para y los magos encuentran una casa en la que está María con su hijo, y les ofrecen oro, incienso, y mirra (probablemente símbolos de la realeza, la divinidad, y la pasión). Esta es parte de la Natividad. En función de esto en muchos países se celebra la Noche de Reyes que vienen de Oriente para traer regalos a todos los niños.

Entonces cuando se van los magos José tiene un sueño y decide alejarse con su familia. Lo vemos en Huida a Egipto y muerte de los inocentes (Mateo 2, 13-18):

Cuando ellos se fueron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Prepárate, toma contigo el niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» Él se preparó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto. Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta.

De Egipto llamé a mi hijo.

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y mandó matar a todos los niños de Belén y de toda la su comarca, menores de dos años, según el tiempo que había precisado por los magos.

Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías:
Un clamor se ha oído en Ramá,
mucho llanto y lamento:
es Raquel que llora a sus hijos,
y no quiere consolarse,
porque ya no existen.

Las malas intenciones de Herodes de las que hablábamos más arriba se deben a que para éste Jesús es una amenaza política porque es anunciado como el rey de los judíos. José huye a Egipto, pero Herodes desconoce esto y manda matar a todos los niños de Belén. De esta forma de actuar ya había un precedente en el Éxodo cuando el faraón queriendo eliminar a Moisés manda matar a todos los niños recién nacidos.

La segunda parte de la Natividad aparece en el evangelio de Lucas. Pero antes del ello prestemos atención a La anunciación (Lucas 1, 26-38) que le hace el ángel Gabriel a María:

Al sexto mes envío Dios el ángel Gabriel a un pueblo de Galilea, llamado Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. Cuando entró, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba que significaría aquel saludo. El ángel dijo: «No temas, María, porque has hallado la gracia delante de Dios; vas a concebir en tu seno y a dar a luz un hijo, a quién pondrás por nombre Jesús. El será grande, le llamaran el Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto posible, si no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y le llamaran Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido a un hijo en su vejez y ya está en el sexto mes la que era considerada estéril, porque no hay nada imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel la dejó y se fue.

Ahora llega el momento que nos ha traído aquí en el Nacimiento de Jesús y la visita de los pastores (Lucas 2, 1-20):

Por aquel entonces se publicó un edicto de César Augusto, por el que se ordenaba que se empadronase a todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo Quirino gobernador de Siria. Todos fueron a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José subió desde Galilea, de la ciudad de David, llamada Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en su pesebre, porque no tenían sitio en el albergue.

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turnos durante la noche su rebaño. Se les presentó el ángel del Señor; la gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» De pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo:

«Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz para los hombres en quienes él se complace.»

Cuando los ángeles los dejaron y se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido, eso que el Señor nos ha manifestado.» Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo contaron lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos cuantos lo oían se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su interior. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había anunciado.

César Augusto fue emperador entre el 30 a.C. y el 14 d.C. En cuanto al censo de Publio Sulpicio Quirino, legado de Siria, fue sólo para Judea no para todo el Imperio. Sobre este censo el historiador Flavio Josefo nos dice que el único conocido fue hecho el 6 d. C. hecho que rompe con lo que nos dice Mateo porque Herodes murió el 4. d. C. Por lo tanto, tenemos dos cronologías distintas, que se excluyen entre sí. Pero además Nazaret no era de Judea si no de Galilea y por lo tanto José y María, a no ser que hubieran cambiado su lugar de residencia de Nazaret a Belén, no estaban afectados por este censo. Retomando la historia, por si nos habían quedado dudas de cual será el destino de Jesús, tenemos Profecía de Simeón (Lucas 2, 33-35):

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón los bendijo y dijo a María: «Éste está destinado para la caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción -¡a ti misma una espada te atravesará el alma!-, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»

En los evangelios no se menciona ninguna fecha exacta para la Natividad, como máximo se nos sitúa esta historia, como hemos señalado más arriba, bajo una franja temporal que varia en función del envagelista. El porqué se celebra el nacimiento de Jesús en la noche del 24 y día de Navidad el 25 de diciembre se debe a la decisión del Papa Julio I (fallecido en el 352 d. C.), que quería hacerlos coincidir con las festividades paganas del solsticio de invierno (21 de diciembre) llamadas Saturnales, celebradas entre el 18 y el 23 de diciembre, en el contexto en el que se inscribía el culto religioso de origen mitraico del Sol Invictus, celebrado precisamente el 25 de diciembre, en el momento en que el Sol irrumpe de nuevo y la oscuridad empieza a ceder ante la luz. Debemos precisar que ese 25 de diciembre corresponde a nuestro propio calendario gregoriano, promulgado en 1582 por Papa Gregorio XIII y adoptado por los países católicos, pero no se corresponde con el 25 del calendario juliano en vigor en Roma desde que lo introdujo Julio Cesar en el 46 a. C. Si mantenemos que entre una fecha de uno y otro calendario hay 13 días de diferencia el día del calendario juliano en que se celebraba la Navidad es el 12 de diciembre, por lo que respecta al 25 de diciembre en el calendario juliano, se corresponde al 7 de enero, día precisamente en el que los armenios y los cristianos ortodoxos celebran tanto la Natividad como la Epifanía (la revelación) ante llegada de los magos de Oriente.

En realidad, como vemos en los evangelios de Mateo y de Lucas la Natividad y la Epifanía, es decir el nacimiento de Jesús como a la llegada de los magos de Oriente sucede en la misma noche, por lo que si nosotros siguiéramos también el calendario juliano celebraríamos ambas cosas el mismo día. En el lugar donde la tradición dice que se produjo este nacimiento se levantó una iglesia, la Basílica de la Natividad de Belén, hoy ubicada en la Cisjordania ocupada por Israel. Los magos de Oriente en la Biblia en ningún momento se dice que sean reyes y sus nombres como Melchor, Gaspar y Baltasar aparecen por primera vez en el siglo VI d. C. en el mosaico de San Apolinar el Nuevo de Rávena. La adopción del árbol de Navidad y las luces proceden de una tradición germánica, y la de San Nicolás o más tarde Santa Claus, de otra que proviene de la Anatolia del siglo IV d. C. Pese a que tanto los magos como el gracioso hombrecillo vestido de rojo (invención de la Coca Cola Company) hunden sus raíces en las tradiciones europeas de intercambio de regalos hoy cumplen ante todo una función netamente comercial.

Toda esta historia que hoy hemos contado, más allá de si existió la figura histórica de Jesús -para Antonio Piñero hay que saber diferenciar entre el Jesús de Nazaret histórico y el Jesucristo desde el punto de vista religioso- , puede considerarse un mito que nos han divulgado los evangelistas, en este caso para la Natividad por Lucas y Mateo, pero las consecuencias del mismo como fuente religiosa para el cristianismo son un hecho histórico que llega hasta nuestros días.

Imágenes de Wikimedia Commons

Bibliografía:

  • AA. VV. (2009) Biblia de Jerusalén. Nueva Edición totalmente revisada. Desclée De Brouwer. Bilbao.
  • JAMES, E. O. (1960) Historia de las religiones. Tomo I. H. J. Rose. La religión mitológica romana. Vergara Editorial. Barcelona.
  • PIÑERO, Antonio (2019) Aproximación al Jesús histórico. Editorial Trota. Madrid.

Francesc Sánchez – Marlowe. Barcelona.
Redactor, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 24 Diciembre 2020.