Habla para que yo te vea – por Silvia Company de Castro
Si hay algo que he aprendido a valorar incluso todavía más durante estas semanas de confinamiento es la idea de silencio. No estoy hablando de ese silencio incómodo que alguna que otra vez se nos ha atragantado en la nuez, invadiéndonos nerviosamente el espacio, ante una conversación que no prosperaba. Tampoco me refiero a ese silencio flagelado por las connotaciones negativas que sin ningún escrúpulo le hemos ido asociado. Como aquella que dice que el silencio equivale a soledad. Significacionesmás que discutibles, desde luego. Pues no es lo mismo “estar solo” (esa eliminación de ruidos innecesarios que nos lleva a una absoluta toma de conciencia y de desarrollo personal) que “sentirse solo” más conectada con esa idea de “soledad”. […]