Protestas en Ferguson

Protest in Ferguson, MO for Mike Brown 18 black teen killed by Police officer Darren Wilison - peoplesworld - flickr

Michael Brown falleció el pasado 9 de agosto en Ferguson (localidad del estado de Missouri en los Estados Unidos). El agente Darren Wilson puso un amargo punto final a la vida de este joven afroamericano de tan sólo 18 años. Él negro. Wilson blanco. La polémica estaba servida en los suburbios de San Luis, donde miles de manifestantes pedían justicia ante la muerte de su pequeño-gran vecino. Trece noches de disturbios que se saldaron con numerosos detenidos y heridos, y que parecen haber abierto una vieja herida en la memoria americana.

Ferguson es una pequeña localidad de unos 21.000 habitantes ubicada a 15 kilómetros al norte de San Luis. Allí la población afroamericana supone el 67% de la población aunque sólo el 5,7% de la fuerza policial, lo que que recuerda la segregación y discriminación racial. – seguir leyendo

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Ferguson es una pequeña localidad de unos 21.000 habitantes ubicada a 15 kilómetros al norte de San Luis. Allí la población afroamericana supone el 67% de la población aunque sólo el 5,7% de la fuerza policial, lo que facilita la segregación y discriminación racial si tenemos en cuenta el pasado más reciente.

El sábado 9 de agosto Michael Brown recibía seis balas del agente Darren Wilson al sentirse este último “amenazado”. Sin embargo, las versiones se solapan dejando entrever que algo no encaja. Hasta ahora cuatro personas dicen haber sido testigos de lo ocurrido, y aunque todas difieren en detalles, coinciden en que hubo un momento en que Brown estuvo desarmado y enfrente a Wilson. Sólo la Policía desmiente esto último y asegura que Brown comenzó a forcejar con Wilson, intentando quitarle el arma reglamentaria, y que por eso tuvo que actuar.

Sin embargo, seis balas parecen excesivas para un joven de 18 años, dos de ellas en la cara, a pesar de la gran envergadura de Brown, al que apodaban “Gigante gentil”. Como aseguran muchos vecinos, de tratarse de una actuación en defensa propia, un disparo en alguna extremidad debería haber sido suficiente. Pero los dos de la cabeza pusieron fin a su vida cuando iba acompañado de su amigo Dorian Johnson. Y fue entonces cuando se reclamó justicia.

La avenida West Florissant se convirtió en el epicentro de las protestas de miles de manifestantes. Un blanco había matado a un negro, a 100 metros de la casa de su abuela, aparentemente sin motivo alguno. Y eso no podía quedar así, ya que el país “más avanzado” del mundo presumía de haber dejado atrás aquellos complejos pero en realidad mantenía las raíces. Mala hierba nunca muere.

Supuestamente se habían borrado las palabras segregación y racismo, pero lo sucedido en Ferguson ha dado un vuelco y recuerda a tiempos de antaño. Ni un presidente negro, de vacaciones por entonces, pudo poner freno a esta oleada de rabia e indignación social que se prolongó durante trece noches, únicamente dos de ellas en paz, ya que las manifestaciones pacíficas pronto dieron paso a los disturbios.

Los policías enseguida empezaron a usar la violencia para frenar los saqueos y las acciones violentas, lo que no hizo más que empeorar la situación. La noche del 11 de agosto comenzaron a lanzar balas de goma para disuadir a los manifestantes, así como gases lacrimógenos que desataron el caos. Dentro del conflicto, un hombre resultaba gravemente herido tras apuntar supuestamente con una pistola a un policía, y varios periodistas eran detenidos (con el consiguiente escándalo mediático), aunque puestos en libertad a las pocas horas.

Pasados unos días, el gobernador de Missouri decidió traspasar la supervisión de las protestas a la policía de autopistas, liderada por un mando afroamericano que se había criado en la zona, para mejorar la relación con los manifestantes gracias a su actitud conciliadora. Es entonces cuando parece que Ferguson se recupera, hasta el siguiente golpe: la identidad del agente y la tergiversación de lo ocurrido el anterior sábado, lo que incendia de nuevo los ánimos bajo un toque de queda impuesto por el gobernador, Jay Nixon. Por su parte, el Departamento de Justicia de EE UU anuncia una segunda autopsia de Brown a petición de la familia, aduciendo “circunstancias extraordinarias”.

Así, el 18 de agosto y tras los graves disturbios, el gobernador de Missouri anunció el despliegue de la Guardia Nacional, un tipo de milicia estatal con vehículos blindados y uniformes de camuflaje, para restaurar la paz en los suburbios de San Luis. Como hacen eco muchos medios, este anuncio evocó enseguida imágenes del pasado, desde la intervención de tropas para garantizar los derechos de los negros en el Sur en los años cincuenta y sesenta. Gobernando Kennedy, este tuvo que enviar agentes federales a Alabama para terminar con la violencia contra los negros. Además, en el mes febrero de 1963, el presidente presentó al Congreso una propuesta solicitando una ley para terminar con la segregación: «Un niño negro nacido el mismo día que un niño blanco en cualquiera de los estados de la Confederación, tiene la mitad de posibilidades de terminar la escuela elemental, una posibilidad contra tres de llegar a ser un profesional, el doble de posibilidades de convertirse en un desocupado crónico y la probabilidad de vivir siete años menos». Por otro lado, en 1992, en Los Ángeles, el gobernador de California también envió la Guardia Nacional.

No obstante, su presencia en Ferguson fue mínima. No aparecieron en las protestas ni disuadieron a ningún manifestante, ya que se mantuvieron a buena distancia protegiendo el centro de mando de las fuerzas de seguridad, situados en un aparcamiento de un centro comercial.

Por su parte, otra aparente muestra de racismo de la policía de San Luis (Missouri ) es la muerte de un hombre negro de 23 años que, tras robar en un comercio, amenazaba a los agentes con un cuchillo y presentaba “un comportamiento errático”, según informó la policía de la ciudad. Recibió también un par de disparos, todo ello, aumentando la tensión del ambiente, aunque todavía se desconoce si se trata de un nuevo caso de discriminación o si realmente fue en defensa propia.

Decenas de detenidos y algunos heridos saldan ahora la cuenta de los disturbios de Ferguson. Sin embargo, casi dos semanas después de las protestas y de la muerte del joven Brown, la situación parece estar bajo control. Tanto es así que el propio Nixon ordenó el pasado jueves la retirada de la Guardia nacional para poder pasar página y dejar este incidente atrás.

El funeral de Michael Brown clausura definitivamente (o no, hasta que se conozca la decisión del fiscal) la oleada de protestas, pero abre un eterno debate: la pervivencia de la discriminación racial en EEUU. Las cámaras se irán de Ferguson, como se van de cada desastre, pero la vida allí continúa. Desafortunadamente, Brown no fue el primero, (Trayvon Martin, falleció en 2012 por los tiros de un vigilante vecinal en Florida) pero tampoco será el último gracias a la ley de armas que existe y al arraigado sentimiento racista.

A Obama se le acumulan los conflictos. Y sin un Nobel de la paz, negro, no consigue resolverlos, la situación no parece sostenible.

Elena Rodríguez Flores. Lugo.
Redactora, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 28 Agosto 2014.