Un apunte sobre Crimea – por Octavi Mallorquí

Estos días, a consecuencia de las noticias que nos llegan de Ucrania, me ha venido a la cabeza aquel viejo dicho que exclamaba “Dios nos dé agua y sol, y guerra en Sebastopol” acuñado a raíz de la guerra de Crimea que tantos beneficios dio a la economía española a mediados del siglo XIX.

Sebastopol y Crimea casi de sorpresa se han vuelto a poner en la primera línea de la actualidad informativa. “La mejor noticia es que no hay noticia” dirá alguno, y por desgracia muchos lugares de nuestro planeta los situamos en el mapa cuando los medios de comunicación nos hacen saber las desgracias que allí suceden.

En Crimea aún no hay guerra… y si la hubiere dudo mucho que España sacara ningún beneficio de ella, pero no hay que olvidar que para otras potencias es un territorio muy interesante por su potencial estratégico.

Crimea es una península bañada por las aguas del mar Negro. Tierra de paso de numerosos pueblos a lo largo de la Historia, fue sobre todo escenario de largas y enconadas luchas entre rusos y turcos por su dominio, que finalmente hicieron suya los zares. Fortaleza irredenta de los rusos blancos durante la Revolución de 1917, parte de la población dio apoyo a los nazis contra los soviéticos unos años más tarde, pagando dicha osadía con la pérdida de la autonomía al finalizar la contienda mundial, y con la integración en 1954 a la República Socialista Soviética de Ucrania por obra y gracia del ucraniano Nikita Krushev, dirigente de la URSS, y es que Crimea, territorialmente hablando siempre fue el oscuro objeto del deseo ucraniano. Como es de suponer a la población de Crimea, mayoritariamente rusa, esa cacicada de Krushev no les hizo ninguna gracia, pero bajo la bota dictatorial de los soviets y por lo menos en esos años de pura y dura Guerra Fría nadie abrió la boca y en realidad nadie imaginaba que la URSS era un gigante con pies de barro que unas décadas más tarde se hundiría. En 1991 se desintegraba la Unión Soviética y obtuvieron la independencia sus 15 repúblicas integrantes, una de ésas era Ucrania y Crimea formaba parte de ella. Las tensiones no se hicieron esperar pues los habitantes de Crimea se hubieran sentido más cómodos dentro de la Federación Rusa pero ante el temor de abrir una caja de Pandora como hubiera sido empezar a corregir fronteras internas se salvó la situación con una solución de compromiso: Crimea se mantendría dentro de Ucrania pero con una amplia autonomía. El status quo parecía haber funcionado durante estos 23 años a pesar de los vaivenes de la política ucraniana que ha basculado entre posiciones pro-occidentales o pro-rusas según el presidente de turno. Pero el hecho es que a consecuencia de los recientes acontecimientos en Kiev el conflicto de Crimea ha salido de su letargo y la mayoría rusa ha decidido plantarse y no está dispuesta a reconocer a las nuevas autoridades ucranianas que se han marcado como objetivo número uno cortar los lazos de dependencia con Rusia y abrirse a Occidente.

El primer ministro interino de Ucrania amenaza con el uso de la fuerza si Crimea opta por la secesión, Rusia ha movilizado sus tropas en defensa de “sus hermanos” y las autoridades de la Unión Europea hacen una llamada a la calma. ¿Seguirá Crimea los pasos de Osetia del Sur o el Transdniéster?, es decir un autoproclamado estado independiente sólo reconocido por la Federación Rusa o por el contrario puede estallar un conflicto armado que se extienda a toda Ucrania pues no hay que olvidar que las regiones del este ucraniano son habitadas en gran parte por rusófonos. Sin duda estamos delante de una crisis que no nos puede dejar indiferentes.

Octavi Mallorquí Vicens. Historiador. Barcelona.
Colaboración. El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 28 Febrero 2014.