El dilema de la educación – por Víctor de Haro Cervera

Como estudiante, no puedo evitar una enorme indignación ante la falta de sensibilidad que demuestra este Gobierno, afrontando una cuestión tan delicada como la reforma educativa de forma unilateral. Al enorme tijeretazo aplicado por el señor Wert en personal docente, la reducción en la cuantía y número de becas, aumento de tasas universitarias, reducción de la financiación del programa «Erasmus» o la supresión de las becas «Séneca» de movilidad interior, por citar algunos ejemplos, se añade la reforma educativa aprobada el pasado viernes, pese al rechazo generalizado de toda la comunidad escolar.

Nunca antes un ministro había concitado a todos los sectores de la enseñanza en su contra. Las manifestaciones masivas que se han sucedido en los últimos meses ilustran perfectamente este hecho, cuya demostración más cercana la tenemos en la huelga del pasado 9 de mayo, día en que nuevamente se inundaron las calles de profesores, padres y alumnos para exigir en un clamor la retirada del proyecto de la LOMCE, así como en señal de protesta por la política de recortes aplicada por el Gobierno, que sin duda va a provocar, y está provocando, el deterioro de la educación pública en nuestro país.

A estas alturas creo que nadie es ajeno a los dilemas que atraviesa nuestro sistema, en los términos en que se halla configurado. Sin duda necesitamos una reforma educativa que en lugar de ahondar en los problemas, nos acerque siquiera un poco, al nivel del resto de países de nuestro entorno europeo. Mantener una actitud cómplice como la del ministro Wert ante una de las grandes lacras de este país, como es la educación, no sería sino incurrir en una irresponsabilidad, a la luz de los resultados de los informes PISA, las elevadas tasas de abandono escolar, el bajo nivel en idiomas o el gasto insuficiente por alumno, que evidencian año tras año que «algo» falla.

Por ello, es urgente que nuestros representantes sitúen en el centro de la agenda política la mejora de la calidad de la enseñanza pública, que es la de todos; y dejen a un lado cuestiones ideológicas, para sentarse a la mesa de una vez en busca de respuestas. Es una necesidad imperiosa pues, avanzar hacia un consenso amplio en materia educativa, que implique tanto a fuerzas políticas como a plataformas de docentes, padres y alumnos. Falta voluntad política. Y es que clama al cielo que, con esta, vayamos ya por la octava ley de educación desde que se produjo la restauración democrática.

Víctor de Haro Cervera. Madrid.

Cartas de los lectores. El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 19 Mayo 2013.

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