Algunos pasos dados en Bolivia – por Francesc Sánchez

Todas las noticias que llegan de Bolivia para algunos molestan y para otros causan gran satisfacción. Ésta esquizofrénica reacción que parte de planteamientos poco racionales, y que -por su radicalidad y sencillez- suele plasmarse en la mayoría de medios de comunicación, nos puede llegar a impedir ver con claridad lo que sucede en ese lejano país.

El nuevo revuelo ha aparecido cuando el ejecutivo de Evo Morales ha comunicado al banco español BBVA y a la aseguradora suiza Zurich sus intenciones de darse de baja como cliente en la gestión de los bonos del estado. Concretamente estamos hablando de una serie de bonos repartidos entre las empresas mixtas del sector de los hidrocarburos -Chaco SA, Andina SA y Transredes SA-, que el BBVA tenía en su cartera bursátil de fondos de inversión para repartir dividendos entre los jubilados bolivianos. Estas aportaciones que se entregaban anualmente al Fondo de Capitalización Colectivo boliviano, bajo el papel, se retribuían a los ciudadanos bolivianos mensualmente al lado de las aportaciones convencionales, conformando así lo que comúnmente conocemos como pensiones.

El Estado Boliviano no ha aclarado suficientemente que es lo que pretende hacer con esos bonos del estado, pero si mantenemos que entre sus intenciones está la de refundar una vez más la empresa estatal de hidrocarburos YPFB, es probable que su destino sea nuevamente el parquet bursátil. En cuanto a las retribuciones, que hasta ahora llegaban por medio de este plan privado de pensiones, el Estado Boliviano tiene intención de hacerlas llegar conjuntamente con el resto de aportaciones convencionales, confeccionando así un sistema de pensiones enteramente público.

Por lo tanto Evo Morales, por mucho que ordene o pida a una empresa extranjera que traspasen las acciones dando un ultimátum sin aclarar muy bien de que se trata, no se apropia de nada que pertenezca a ninguna empresa española, sencillamente pretende liquidar su cuenta como cliente en el BBVA. Sin más historia se trata del 50% de acciones del estado boliviano en las tres empresas de hidrocarburos. Cuestión distinta será lo que suceda con el 1% necesario, y actualmente en manos de las multinacionales, para controlar a esas empresas mixtas.

Éste tipo de nacionalizaciones van a continuar con otros sectores estratégicos de la economía boliviana, que hoy están en participados -o directamente en sus manos- por multinacionales. Los aeropuertos gestionados por las españolas Abertis y Aena, y los ferrocarriles en manos de capitales chilenos, -según el gobierno boliviano catastróficamente llevados, van a ser los próximos a estar encima del tapete.

Mientras queda por saberse que sucederá con el sector minero, también participado por capital extranjero, el gobierno boliviano ya ha anunciado una expropiación a terratenientes bolivianos de grandes latifundios improductivos. Estos pasaran a ser propiedad del estado boliviano y se presume que éste los repartirá entre los diferentes pueblos indígenas.

Llegados aquí déjenme decirles que causan un tanto de vergüenza ajena algunas opiniones viscerales en contra de lo que pretende llevar a cabo Evo Morales en Bolivia. Presumo que muchas de estas opiniones son debidas a la ignorancia, exactamente igual que las opiniones -y en esto seguro que me gano más de un reproche o enfado- que consideran que es fantástico que las multinacionales españolas sean expulsadas de Bolivia.

Evo Morales de momento no pretende otra que llegar a un escenario económico similar al que puede haber en un país europeo. En donde los sectores estratégicos bien están en manos del estado o cuanto menos participados por éste. Esto en un país como Bolivia, recordemos que es el más pobre de América Latina, es vital; pues hablamos de más ingresos pero también de una necesaria creación de tejido productivo que el capital privado no ha querido o no ha sido capaz de desplegar. Bolivia es un país con grandes diferencias sociológicas y culturales, en donde una pequeña porción de la población no ha hecho más que amasar propiedades y fortunas, ampliando la brecha cada vez más entre las diferentes comunidades. De ahí que a través de éstas nacionalizaciones y reformas también es importante que se busque la creación de una estructura estatal que sea capaz de educar al pueblo y democratizar a la sociedad. Terminar de una vez por todas con la corrupción y las injusticias sociales que los propios bolivianos de la clase más pudientes han perpetuado, y que en última instancia más allá de un desorbitado beneficio de las multinacionales y muchos casos unas malas practicas, son los grandes responsables de la actual situación del país.

El último desembarco de las multinacionales en el país -hubo de otros y para los bolivianos, aparte de llevarles una serie de guerras, no sirvieron de gran cosa- , hará unos quince años, desde una perspectiva ética significó un nuevo saqueo. Pues si es cierto que reportó capitales y la creación de algunas infraestructuras necesarias, es una verdad como un templo que el pueblo boliviano -en el mejor de los casos- no estaba preparado para sacar provecho de la situación; el país entero estaba y sigue estando en el subdesarrollo, y las multinacionales -aunque algunas fueran con buenas intenciones- más allá de sacar beneficios no han logrado cambiar nada.

Esto en clave interna boliviana focaliza todos los problemas que tiene el país en las empresas extranjeras, y Evo Morales que lo sabe, y está al corriente también de las aspiraciones secesionistas de los potentados de Santa Cruz, ante el miedo a una guerra civil, está jugando al enemigo exterior. De ahí ese lenguaje que nada gusta a unos cuantos en España. Evo Morales se encuentra entre la espada y la pared. Lo que no es óbice para que el gobierno español se desentienda de las empresas españolas afectadas y deje de defender sus intereses mientras estas sigan estando en Bolivia.

Ésta defensa de intereses debe hacerse para que el propio gobierno boliviano tenga cerca un interlocutor político con el que aclarar todas las cuestiones que tienen que ver con las empresas españolas, encontrar puntos de encuentro y ayudas afectivas para modernizar de una vez por todas Bolivia, y evitar que las empresas españolas por si solas caigan en la inseguridad jurídica cometiendo delitos. En ultima instancia, y ésta ya es otra historia, las multinacionales españolas en un momento en que lo van a tener crudo en América Latina, pueden entrar en un proceso en el que la intervención del Estado Español les de seguridad y estabilidad, a cambio de que mantengan de ahora en adelante una postura ética en el extranjero, y que hagan revertir más beneficios en la sociedad española a raíz de sus operaciones.

Francesc Sánchez – Marlowe.
Redactor, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 18 Mayo 2006.