Al menos mil iraquíes mueren sobre el Tigris

Al menos un millar de personas podrían haber muerto aplastadas en un puente sobre el río Tigris en la ciudad de Bagdad. El suceso se produjo cuando irrumpió el pánico en una turba de gente durante la peregrinación en conmemoración de la muerte del iman Musa Al-Kadem a la mezquita de Abu Hanifa.

Muerte en el Tigris ~ Francesc Sánchez
( «Difícilmente encontraremos que algún individuo del gobierno provisional iraquí, o en su defecto de Washington, señale como parte culpable de la tragedia sobre el río Tigris al desmadre que es hoy Iraq.» – leer más)

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Según fuentes del gobierno provisional iraquí, los hechos se produjeron después de unos disparos de mortero que impactaron en el cercano barrio de Kadimiya produciendo la muerte de siete personas, y heridas a otras cuarenta. En ese momento se corrió el rumor de que había un terrorista suicida entre las miles de personas que realizaban la peregrinación en conmemoración de la muerte del iman Musa Al-Kadem, a través de las calles del mencionado barrio y el puente de A’ima, en dirección a la mezquita de Abu Hanifa. La irrupción del pánico hizo que la gente que estaba en el puente empezase a empujarse, pisarse y abalanzase sobre la estructura metálica. La valla finalmente cedió y decenas de personas cayeron al río.

Las cifras oficiales de víctimas mortales, según el gobierno provisional iraquí, han ido variando entre las seiscientas y ochocientas; sin embargo, otras fuentes aseguran que la tragedia podía haber provocado más de un millar de muertos y centenares de heridos.


Detalle del puente de A’ima / Google Earth

Al igual que el balance de cifras, las reacciones del gobierno provisional ante la tragedia han sido dispares. El por ahora presidente Yalal Talabani, en una entrevista a la agencia rusa Interfax, atribuía los hechos a las células de la secta de Alqaeda que operan en el país, «Detrás del ataque con morteros, que provocó el pánico entre la multitud, está el terrorista Al Zarqaui, un criminal que atiza la hostilidad religiosa en Iraq».

Por su parte, un portavoz del partido pro iraní, Consejo Supremo de la Revolución Islámica, señalaba en general a las resistencias, «Hacemos responsables de lo que ocurrió a los terroristas, sadamistas y extremistas radicales».

La masiva peregrinación por las calles de Badgad en conmemoración al iman Musa Al-Kadem durante el anterior gobierno fue prohibida, sin embargo, desde la caída del Estado con la invasión y los sucesivos gobiernos provisionales, como otras conmemoraciones religiosas se han vuelto a celebrar.

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Muerte en el Tigris
Francesc Sánchez

Difícilmente encontraremos que algún individuo del gobierno provisional iraquí, o en su defecto de Washington, señale como parte culpable de la tragedia sobre el río Tigris al desmadre que es hoy Iraq. No veremos ni oiremos a nadie que sea responsable de algo en ese territorio decir que miles de personas sobre un puente sin orden ni control, en el momento que irrumpe el pánico se pueden convertir en cadáveres.

Algunos desde aquí quizá se aventuren a señalar al fervor religioso como parte del problema. Posiblemente sean los mismos que años atrás apostaban por liberalizar Iraq a bombazo limpio, ignorando que con ello no solo los miles de pueblos iraquíes abrazarían de nuevo la fe a falta de un Estado tangible e iraquí, si no que también con esa liberalización del tirano y del sistema social del anterior Estado, llegaría el caos, el descontrol y una guerra que tiene pinta de ser eterna.

A fin de cuentas posiblemente sean los mismos que imponiendo su religión al resto de la ciudadanía, ignoren que lo que ha sucedido en Bagdad bien podría suceder en nuestro país en las multitudinarias peregrinaciones que se dan por Semana Santa, o en cualquier torneo semanal de balón pie.

En Iraq estos días los que pueden, entre bombas, balazos y avalanchas, están debatiendo si pegar tijerazos en el territorio vale una guerra civil. Si dejar sin petróleo a los iraquíes que habitan el centro del país, que otrora mayoritariamente eran laicos y protegidos del anterior gobierno y ahora son sunís y bandidos, pueden convertirse en parias de por vida sin armar demasiado jaleo. Si matar al tirano, otrora venerable rais, puede significar echar más pólvora al fuego mientras en las calles miles de iraquíes gritan su nombre portando su retrato. Si no hacer demasiado caso al clérigo chiíta de Najaf puede conllevar un problema de fe, en unas escrituras fundamentales que quieren que emanen del dogma religioso. Si con o sin Alá, es posible crear y hacer viable cualquier estructura estatal que se pretenda independiente y unitaria, sin contar con todos, y en un territorio invadido por ejércitos y terroristas extranjeros. En definitiva, no será por falta de conocimiento, pero parece claro que lo importante para algunos es no querer ver, que a menos que cambien muchas cosas, el pueblo iraquí va por otro camino, el de la perdición.

Redacción / Internacional. El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 1 Septiembre 2005.

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