Informe Lugano de Susan George – por Teresa Galeote

¿Ficción o realidad?; terrible, de cualquier forma. Esa es la sensación que se tiene cuando te vas adentrando en las páginas de Informe Lugano, de Susan George. De forma novelada, la autora nos mete en las entrañas de una sociedad de ficción, que a muchos y a muchas no nos parece tan imaginaria. Es un libro que pretende despertar conciencias en un mundo totalmente mediatizado.

Susan George nos introduce en un mundo aterrador donde los poderosos gobiernan y organizan a su antojo sin tener en cuenta a los gobernados; para ellos sólo son un número más entre los consumidores. Sin el menor escrúpulo, los «expertos» son los que deciden sobre la vida y la muerte de millones de personas por el bien del sistema, que comienza a dar signos de estar en peligro; una economía que sólo piensa en los dividendos sólo necesita consumidores. Todos los demás sobran porque representan el lado oscuro del sistema y tendrán que ser borrados del mapa con todos los instrumentos que se tengan a mano.

La primera parte del libro se exponen las amenazas y obstáculos con las que se enfrenta el sistema. En la segunda los «expertos «dan las soluciones posibles par la supervivencia del capitalismo globalizado. El equipo contratado para analizar la situación saca a colación un elemento importantísimo; la ecología; lo ven como uno de los mayores peligros para el régimen que se quiere proteger. Los recursos naturales son limitados y la transformación en bienes de consumo produce una distorsión grave en el Medio Ambiente. ¿Cómo resolverlo?

Por otro lado, la libertad de mercado no puede dejarse a su propia inercia y tendrá que ser controlado para conseguir los frutos apetecidos. Así pues, una correcta selección de los consumidores y productores llevará a un mundo feliz, donde los excedentes humanos serán tratados como cualquier otra mercancía. La economía necesita reglas y deben hacerlas los promotores del sistema. Nada de libertad de mercado incontrolado; la economía debe estar fuertemente planificada par alcanzar los objetivos previstos. ¿Quién mejor que las transnacionales para hacerlo? El resto serán meros gestores de sus planes.

Una vieja idea de Malthus sobre la población para un nuevo momento; ahí es donde radica la solución. La ingente masa de población hace insoportable la supervivencia del sistema, pues la economía productiva no puede absorberlos a todos y eso constituye un elemento desestabilizador. Tampoco pueden hacer transferencias sociales para paliar la situación de indigencia generada por el sistema sobre millones de personas del tercer mundo, incluso de los que se irán produciendo en el primero. La solución radica en disminuir la población mundial, por lo que será necesario recurrir a diversos métodos para ejercerlos sobre los elegidos. No se tratará de un genocidio, nada de eso. Se trata de poner en marcha un mecanismo de justificación colectiva para preservar a la mayoría de la población sobre los posibles peligros.

El grupo de «expertos» que elabora el informe, erigiéndose por encima del bien y del mal, decidirán quiénes serán los predestinados para gozar de esta vida y quiénes deben ser sacrificados; éstos últimos serán los pobres, los perezosos, los ignorantes, etc. El estado debe ser un mero observador y dejar en manos de dicho grupo la solución, que además deberá ser barata. La cifra estimada será de 4000 millones de personas para que el sistema funcione; el resto sobra. A los países pobres se les obligará a entrar en el sistema imperante, y para ello nada mejor que ofrecer a sus elites la fórmula para enriquecerse, además de hacerles sentirse y poderosos en sus respectivos países. Y yo vuelvo a preguntarme, ¿ficción o realidad?

Naturalmente, los expertos abogan por la desaparición del Estado-Nación. Ese Estado, en otros tiempos, distribuidor no lo necesitan porque los «expertos» son los profetas de un nuevo orden mundial que demoniza a los desheredados y a los perdedores. Y ¡qué decir de aquellos que piensen! A través de la colaboración de las ciencias sociales, sobre todo de la psicología, se hará ver que los consumidores formarán parte de un grupo, aunque muy alejados de sentirse ciudadanos y, mucho menos, de sentirse solidarios con el género humano.

La excesiva mortandad que pueda generarse para preservar el sistema, deberá ser achacada a la inutilidad de sus miembros, de la falta de capacidad para dirigir sus destinos, pero nunca elementos inducidos que estén en la sombra: epidemias, desastres ecológicos, hambrunas, intoxicaciones masivas, serán los aliados incondicionales de la solución que se pretende.

Con gran valentía, Susan George, muestra la cara del actual sistema que, aunque novelado, da las claves de lo que pretende ese maravilloso mundo globalizado. Muestra una realidad que está latente, aunque pocos son los que se atreven a denunciarlo.

Teresa Galeote. Alcalá de Henares, Madrid.
Redactora, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona, 29 Diciembre 2004.