Las Venas Abiertas de Bolivia – por Juan Ramón Crespo

Con respeto a Eduardo Galeano. Escasa y groseramente manipulada es la información que a través de los medios de comunicación masiva nos está llegando de Bolivia.

Poco se habla del levantamiento de un pueblo contra un sistema corrupto y sumiso a los dictados del “imperio globalizador”, que en los últimos años había llevado al país más pobre de América Latina a profundizar la diferencia entre una minoría pudiente y una mayoría cada vez mas sumida en la miseria.

Desde el primer momento han tratado de hacernos creer que el motivo de las “revueltas” no eran más que la típica enemistad vecinal. Que la elección de un puerto chileno, para exportar hacia el Pacífico las enormes reservas de gas descubiertas recientemente, era el origen, cuando acaso no fue nada más que el detonante. Pretendían circunscribirlo en el marco de una pugna regional, y de paso, dejarnos entrever los “rencorosos” que eran los bolivianos que aún no habían perdonado a los chilenos de disputas sucedidas en el siglo XIX.

Al mismo tiempo nos hablan de los líderes del alzamiento popular como líderes cocaleros, sin darnos las explicaciones precisas de lo que la hoja de coca significa en Bolivia y de cual es su verdadera utilidad. Pero, esos mismos medios de comunicación no se olvidan de recoger las declaraciones del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada calificando como fin de las movilizaciones la instauración de una dictadura narcosindilista, o las manifestaciones de un irrelevante jefe local de policía, Gelafio Muñoz, calificando a los cultivadores de coca con los narcotraficantes.

Una vez más, como cuando la guerra de Iraq, nos han servido la “ceremonia de la confusión”. Utilizan contra nosotros conceptos y “sortilegios” de forma impune, a sabiendas de que la mayoría de los receptores de estos mensajes no disponen de la información necesaria para poder defenderse. Pondremos algunos otros ejemplos: hablar de “minoría subversiva” cuando se refieren a la multitud que engrosan las manifestaciones organizadas, darnos detalles sobre las bombas que califican de cazabobos y de las técnicas para la fabricación de estos artilugios cuando de entre toda la sangría habida tan solo ha explotado una hiriendo a un soldado, tachar que actúan movidos por el resentimiento y la frustración al Movimiento al Socialismo por no haber ganado en las pasadas elecciones o desprestigiar al líder indígena pachakuti, Felipe Quispe calificándolo por sus creencias religiosas de “fundamentalista telúrico” olvidando que otros podrían ser igualmente desacreditados por pretender incorporar referencias al cristianismo en la “avanzada” constitución europea.

Todo sirve para confundirnos y para que lleguemos a erróneas conclusiones ya que por la información que recibimos partimos de premisas falsas.

Muy poco se analiza otros elementos que llevan a un pueblo a participar en las movilizaciones a riesgo de exponer su propia vida. Por ejemplo, no se habla mucho de la Ley de Capitalización, que ha privatizado y puesto en manos del capital estadounidense y europeo sectores vitales para la economía de cualquier nación como son la explotación de hidrocarburos, el ferrocarril, las telecomunicaciones, … y ahora el gas. Los diferentes gobiernos, y con más intensidad el actual, presidido por el citado Gonzalo Sánchez, han condicionado el desarrollo de Bolivia y los mecanismos para alcanzarlo a las decisiones que unas cuantas multinacionales adopten para maximizar sus cuentas de resultados. El bienestar de los bolivianos y de las bolivianas no sirven para engrosar los beneficios empresariales, por lo que no es una variable que consideren las actuales empresas propietarias de los mencionados sectores estratégicos. El Estado boliviano, que sí es el responsable de esa calidad de vida ha sido quien, durante años, demasiados años, les ha traicionado.

“Los pueblos indígenas hemos decido iniciar el redescubrimiento de América”, dice en su última viñeta el humorista gráfico español “El Roto”. Y es que resultan suficientes los 500 años de expolio, de colonialismo y de explotación, durante los cuales tan solo se han pensado en los indígenas como mano de obra esclava. Durante este periodo lo único que ha cambiado en Bolivia es el destino hacía donde marchan sus riquezas, y la nacionalidad de los que se hacen millonarios a sus expensas. Desde que comenzó la explotación de las minas de plata en Potosí hasta lo que está sucediendo con el gas, los bolivianos han visto como las materias primas salían de su país, quedándose en él tan solo enfermedades y miseria.

Ahora, se han puesto en pie. Pedían que el gas no fuera exportado como materia prima, sino que lo fuera ya manufacturado, para que la riqueza que genera su industria fuera aprovechada en Bolivia y no por otros como siempre había sucedido. Esta justa pretensión pretendió acallarse a sangre y fuego.

En los últimos días han sido asesinadas más de trescientas personas según fuentes de las organizaciones sociales (más de setenta según cifras oficiales) a los que hay que sumar otro tanto en lo que va de año. Las reivindicaciones, como es natural, han variado. Que en primer lugar se pida, como condición sine qua non, la inmediata dimisión del presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, teñido con la sangre de los bolivianos, no nos debería parecer exagerada, sino sencillamente justa. Pero aún esta aplastante obviedad pretenden tergiversarla. Para ello, la Organización de Estados Americanos, y la mayoría de los países entre los que se encuentran EE.UU. y España, han salido defendiendo al presidente genocida, utilizando como argumento la constitución y la democracia.

Pero acaso el gobierno no ha violado la Constitución boliviana poniendo en manos extranjeras los hidrocarburos y el gas cuando, expresamente, ésta lo prohíbe. Acaso no resulta democrático pedir la dimisión de un dirigente que asesina a su pueblo en vez de atender la petición que le realiza. Acaso lo extraordinario no es imponer el neoliberalismo sobre una montaña de cadáveres. Acaso la traición a la constitución y a la democracia no consiste en recibir ayuda militar estadounidense para continuar reprimiendo al pueblo para proteger el capital de las multinacionales norteamericanas y alguna española, como REPSOL-YPF.

Volverán a asesinar pero no podrán matar la dignidad de un pueblo y la conciencia de que no van a seguir permitiendo que les roben el pan de sus hijos. Otro pueblo, el boliviano, se ha alzado contra la depredación, la miseria y el horror que la globalización capitalista conlleva. El redescubrimiento de América ha comenzado.

Juan Ramón Crespo. Toledo.
Colaborador, El Inconformista Digital.

Incorporación – Redacción. Barcelona. 18 Octubre 2003