Avalancha de riesgos laborales – por Rafael Pérez Ortolá

En esto, como en el conducir, los elevados números manejados con respecto a los accidentes adquieren un carácter rutinario capaz de adormecernos. La realidad no muestra reacciones en consonancia con la gravedad del problema. Muchos comentarios, pero apenas realizaciones prácticas tendentes a evitar los riesgos.

Con una u otras justificación, la realidad tozuda nos sigue provocando escalofríos ante las reiteradas víctimas laborales, se trata de un malestar continuo. Uno se queda convencido de la insuficiencia de medidas oportunas para evitarlos.

Las maneras de actuación laboral, así como las nuevas técnicas, no sólo se imponen sobre otros criterios, avanzan a ritmos enloquecedores sin dar lugar a una maduración de las inconveniencias previas. Surgen nuevos campos electromagnéticos impensables hace pocos años; del mismo modo los cambios afectan a casi todas las ocupaciones. Entre esta vorágine, los riesgos para los trabajadores directamente implicados y para el resto de la gente NO son precisamente la primera preocupación social. Economías, políticas, pereza, prácticas egoístas, pasan a ser los primeros espadas.

En materia de riesgos laborales existen dos agravantes nocivos. Se originan nuevos riesgos por los avances técnicos y sociales, conductas insospechadas o zonas nuevas de actuación; todas ellas llevan consigo el retraso investigador, no se va a investigar lo desconocido. Además, se añaden comodidades mal entendidas, frivolidades dañinas, cuando no son otras consideraciones de peor calaña, abocando a una indiferencia rutinaria que roza muy directamente consideraciones punitivas.

A título introductorio, según Karjalainen y sin ánimo excluyente, los grupos de alteraciones profesionales más frecuentes serían: Pérdidas de audición por ruido (32 %), alteraciones cutáneas (16 %), alergias respiratorias (8%), silicosis (8 %), asbestosis (8 %), presiones locales sobre nervios (6 %), por vibraciones (10 %), articulares (4 %), mesoteliomas (3 %). Otros estudios pueden marcar diferencias, no obstante intentamos únicamente una aproximación.

Desde los microondas, ordenadores y móviles, comienzan a agredirnos por todo el campo electromagnético. Se toleran con variable pasividad para no renunciar a sus aportaciones. Parecen actitudes claras. ¿Sus efectos son todos conocidos? Cancerígenos, sobre la psicología, aparato reproductor humano, inmunidad…en todos se registran estudios. Pasamos a su alrededor sin mayores exigencias. ¿Cuánto tiempo pasamos en su entorno? ¿Cuánto determinados trabajadores? Además del tiempo de exposición son influyentes otros aspectos. Domina la despreocupación.

¿Qué decir de las alteraciones articulares? Casi podemos decir aquello de quién no las padeció alguna vez en sus ocupaciones. Posturas, materiales y trabajos repetitivos se ven relacionados en uno o en varios episodios y también de forma crónica. ¿En relación con alteraciones previas del trabajador? ¿Accidentes? Sus manifestaciones son tan amplias que huelgan grandes comentarios al respecto. Constituyen una evidencia de hecho.

Aparecen más veces en el candelero los riesgos psicológicos, son más actuales. Desde la presión exageradas, acosos, menosprecios o aislamientos. La disposición de amplios espacios informativos no equivale a estudios exhaustivos sobre sus mecanismos y consecuencias. Con frecuencia sólo se trata de bla, bla, bla.

Aunque no se conocen demasiado, tenemos otros grupo de riesgos tan extendidos que pudieran ser los de mayor incidencia en problemas laborales. Me refiero a los xenobióticos. Sustancias incorporadas al organismo en el cual van a desencadenar respuestas inmunológicas diversas y prolongadas. Miles de productos usados, sobre todo disolventes, drogas, pegamentos; es decir, las moléculas que los constituyen. Pueden provocar reacciones meses despues del contacto. Estamos ante un gran muestrario de manifestaciones con productos poco estudiados y por tanto poco conocidos en cuanto a estos efectos deletéreos.

Sirva esta panorámica para vislumbrar lo estremecedor del problema. A nuestro conocimiento llegan los sucesos más graves, quedando más disimulados los numerosos problemas diarios de muchas personas, enfermedades, secuelas y costes. No es infrecuente que los casos más solapados, menos claros, no sean ni reconocidos como alteraciones de orígen laboral.

Ante tantos riesgos y padecimientos surge una importante paradoja. Se refleja en la ausencia de paralelismo entre la importancia de estas cuestiones y las actitudes emprendidas para evitarlos. Somos relativamente pasivos a la hora de adoptar suficientes medidas preventivas.

¿También este asunto será una utopía? No debemos escudarnos en el término para consolarnos. No se pudo evitar. Ya se mejorará. El camino debe entrañar una exigencia mayor, tanto por las personas en particular, las empresas o las autoridades. Se trata de una de esas mentalizaciones que nunca será suficiente.

Necesitamos desterrar la paradoja mencionada, convirtiendo en habitual la adopción de todas las medidas posibles. Como ocurre tambien con el tráfico, no debe entreverse la dirección inversa, destacando el desinterés, la frivolidad o peores negligencias.

Hay mucho en juego, se requieren todas las fuerzas y planes que sean menester.

Rafael Pérez Ortolá. Vitoria.
Colaborador, El Inconformista Digital

Incorporación – Redacción. Barcelona. 11 Julio 2003