¿Qué dice el diccionario sobre la paz? – por Eugenio Hernández

Como las campañas electorales tienen estas cosas, hemos podido ver en el programa de Fuentes en Tele5 a la candidata Esperanza Aguirre entregada al karaoke, bailando con Sabina y hasta asegurando que esas vueltas bien pegados eran uno de sus sueños.

Terminado el show, Joaquín Sabina le entregó una pegatina contra la guerra, que lo cortés no quita lo valiente. Y Esperanza estuvo rápida en escamotear a la cámara la imagen de la política con el alegato pacifista en la mano y en sumarse a quienes defienden la paz, diciendo que todos aspiramos a ella como ya han hecho otros responsables del PP o como hizo Ana Botella tras las concentraciones del sábado. Y a lo mejor es eso lo que pasa, que no hablamos el mismo idioma.

Mi viejo diccionario de la RAE dice que paz es, en segunda acepción, la “pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra”. Lo que traducido a román paladino significa que no se puede estar al plato y a las tajadas o, por mayor propiedad, en misa y repicando. Así que, o empezamos a hablar claro y en el mismo idioma o tendrán que acabar metiendo a los académicos en la conjura comunista al lado de los actores (ahora llamados cómicos o farándula en la jerga de los medios afectos al régimen). Que no es lo mismo la paz y la guerra; que no son causa y efecto la una de la otra; que no es igual subirse al carro de Marte que respetar deportivamente (perdón, cívicamente) el de la Cibeles.

Vale que no funcionen los móviles saturados por quienes intentaban reunirse con sus amigos en la puerta del Círculo de Bellas Artes o junto a los ascensores del Reina Sofía; vale que los seguratas te dijeran compungidos que “no cabe ni un alma más en el ánden” de Puente de Vallecas, de Sainz de Baranda, de Príncipe de Vergara; vale que los helicópteros no fueran de TVE si no de la Policía; vale, en fin, que la Delegación del Gobierno no sepa contar. Pero que no nos quiten (bendito y recordado Blas de Otero) ni la paz ni la palabra.

Eugenio Hérnandez. Madrid.

Cartas de los lectores.

Incorporación – Redacción. Barcelona. 20 Febrero 2003