Fundamentos – Dame lo que necesito y tendrás lo que deseas

Podemos caracterizar la sociedad como un agregado de individuos humanos en un determinado contexto vital. Por un lado tenemos voluntades, y del otro una serie de recursos.

En el mercado se ofertan los bienes y servicios demandados por esas voluntades individuales.

El estudio de la economía abarca todos lo problemas relacionados con la producción y la distribución de bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades humanas. En este trabajo trataré de contrastar las posiciones de dos de los más ilustres economistas de la historia, Adam Smith y Milton Friedman, quienes llegan a una conclusión idéntica: el orden económico aparece como una consecuencia involuntaria de los actos de varias personas, buscando cada una de ellas su propio beneficio .

El intercambio voluntario es el pilar sobre el que descansa el sistema de mercado libre, en el que las transacciones no se realizarían si, efectivamente, las partes concernientes no encontrasen beneficios recíprocamente.

Ambos autores denuncian la visión mercantilista de la economía. Pensar que una de las partes sólo puede ganar a expensas de la otra es un error que se deriva de concebir la economía como un juego de suma cero. Los grupos a los que la prensa convencional denomina antiglobalizadores, también son objetivo de esta crítica hoy día, por denunciar la actuación de ricos países y grandes capitales en torno al problema de la pobreza .

Desde la teoría clásica del liberalismo económico, y también desde su reformulación neoclásica, la economía de mercado se presenta más bien bajo el aspecto de un dilema del prisionero.

En efecto, el mercado es visto como un dilema del prisionero de n personas, y de jugadas múltiples, en las que ambas partes realizan un intercambio voluntario, maximizando por ello, cada parte, los beneficios de su respectiva acción.

Para Smith cada individuo intenta, mediante el empleo de su capital, que el ingreso anual de la sociedad sea tan grande como pueda. Pero, por regla general no intenta promover el bienestar público, ni sabe cuánto está contribuyendo a ello. Sólo busca su propia seguridad, y trata de maximizar la rentabilidad de sus acciones. Sólo busca su propia ganancia, sin embargo contribuye al mejoramiento del conjunto de la sociedad de manera inconsciente, como guiado por una mano invisible.

Dos siglos después, el esquema sigue siendo válido para M. Friedman. Pero para él, la autorregulación del mercado ya no es mérito de una misteriosa mano invisible, sino que se explica por la intervención del sistema de precios.

Kilobites. Malaga. 22 Junio 2002